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Los dos extremos de la política pelean palmo a palmo la presidencia de Chile

La encuestadora Atlas revela a un duelo entre José Antonio Kast, del Partido Republicano, y Gabriel Boric, del Frente Amplio de Izquierda, con una diferencia mínima. Si no logran mayoría, la segunda vuelta será el 19 de diciembre

hace 15 dia(s)

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En Chile son 15 millones de electores, la mitad de ellos indecisos, convocados hoy para elegir al sucesor de Sebastián Piñera entre siete candidatos, desde la extrema izquierda a la extrema derecha, en una de las elecciones más inciertas en 31 años de democracia.

De acuerdo a una encuesta de Atlas Intel, a la que EL DEBER tuvo acceso a menos de 48 horas de la elección, el derechista José Antonio Kast y el diputado del Frente Amplio de Izquierda Gabriel Boric, encabezan la intención de votos.

El sondeo, que consultó 3.572 casos, del 17 al 19 de noviembre, le da el 24,6% de la preferencia a Kast y el 20,2% a Boric. Le siguen el independiente Franco Parisi, con el 15,8%; el oficialista Sebastián Sichel, llega con el 12,7%; y Yasna Provoste, de Democracia Cristiana, con el 12,5%.

En caso de que los resultados se acerquen al sondeo y ninguno de los candidatos obtenga más del 50% de los votos válidos en la primera vuelta, la segunda se llevará a cabo el 19 de diciembre con los dos candidatos más votados.

En la consulta de Atlas Intel, en el balotaje, Kast obtuvo el 50.3% de la intención de votos, con Boric pisándole los talones con el 49.7%.

Momento bisagra

Hoy también se vota por 155 diputados, 27 de los 50 senadores y consejeros regionales.

Desde 2012, que Chile instauró el voto voluntario, la participación electoral ha sido baja. Por esta razón, analistas electorales anticipan la segunda vuelta.

Será la cuarta elección desde 2020 que se celebra en ese país, que transita un periodo de cambios desde la revuelta social en octubre de 2019.

“Desde el plebiscito de 1988 (que decidió la salida de Pinochet) yo no sentía esta incertidumbre”, dijo Silvia Gutiérrez, enfermera de 60 años que trabaja en Santiago y vive en Melipilla, comuna de campo a 70 km del centro capitalino.

La familia de Gutiérrez “siempre vota a la Concertación (coalición centroizquierdista que lideró la transición democrática tras la salida de Pinochet), pero ahora hay de derecha y de izquierda, aunque ninguno de extremos”, señala la ciudadana, en un reflejo del fraccionamiento político en el país y del escenario incierto.

“Hay una distorsión producida por la mediocridad de la política, una degradación de la política”, señaló la analista y encuestadora Marta Lagos, directora ejecutiva del estudio Latinobarómetro, que resalta el auge de la extrema derecha.

La elección presidencial, además de impredecible, se realiza en medio de la redacción de una nueva Constitución, alza de la inflación hasta un 6% y un derrumbe de los partidos tradicionales como reflejo de una crisis de confianza institucional general.

Así, Chile es el último destino de la ola de populismo de ultraderecha con Kast, de 55 años, quien reivindica la dictadura de Pinochet y ha mostrado sintonía con el brasileño Jair Bolsonaro y el estadounidense Donald Trump.

El mensaje del político y abogado promete devolver el orden social y mantener el modelo económico que hizo de Chile un país próspero, pero con una desigualdad que fractura su sociedad.

“Yo creo que Kast es la opción menos peligrosa para Chile, nosotros ya vivimos el horror que puede ser la extrema izquierda”, dijo Andreína Guillén, agente comercial venezolana que trabaja desde hace 12 años en una farmacéutica multinacional en Santiago.

En Chile, donde los venezolanos y peruanos conforman la primera y segunda comunidad extranjera, pueden votar residentes con más de cinco años en el país, unas 400.000 personas, según el Servicio Electoral.

“Hay cosas que corregir, pero no podemos desconocer los avances del país en democracia. A mí me da miedo la izquierda”, admite Hugo Pizarro, chileno, funcionario bancario de 45 años, que votará a Sichel.

Caos vs. orden

Una parte importante de los 19 millones de habitantes apoya desde 2019 el reclamo por un estado presente en temas sociales, mejor acceso a la educación y salud pública, y cambiar el sistema de pensiones en manos de fondos privados.



Pero las expresiones más violentas, con vandalismo en las protestas y discursos de extrema izquierda, ayudaron al auge de la derecha en los últimos meses.

“Es como una especie de estallido del autoritarismo, así como lo hizo la izquierda a través del estallido social, ahora viene la contrarreforma, que es por lo demás lo que sucede en las grandes transformaciones de los países”, afirma Marta Lagos.

En su análisis, Lagos recuerda que desde el fin de la dictadura “ese autoritarismo estaba allí”, con un 40% de pinochetistas en los años 90 que ahora ronda el 20%.

Desde 1999 las elecciones presidenciales en Chile se han definido en segunda vuelta.

Cambio de modelo

Con la promesa de un modelo de desarrollo de país distinto frente a la promesa de restituir el “orden y la seguridad”, los candidatos presidenciales cerraron sus campañas el jueves.

En la localidad de Casablanca, una zona de viñedos ubicada a 80 kilómetros de Santiago, Boric, el aspirante a la presidencia más joven en la historia de Chile con 35 años, se proclamó heredero de las demandas de los jóvenes manifestantes de 2019 y concentró su discurso en las promesas de cambios estructurales.

“Es tremendamente importante que cambiemos para avanzar en las transformaciones por las que estamos peleando; construir un Estado que garantice derechos, que garantice dignidad e igualdad es la única manera de tener estabilidad, porque no puede crecer un país que está fracturado socialmente”, afirmó.

En un parque del barrio de Las Condes, zona acomodada de Santiago, realizó por su parte el cierre de campaña el candidato de la ultraderecha frente a unas 3.500 personas. “Se enfrentan dos modelos de sociedad. El que representamos nosotros, de libertad y justicia, y el del Partido Comunista y Gabriel Boric, un país que no queremos y que tendría un pasaje seguro al caos, al hambre y a la violencia”, alegó Kast, que en su discurso repitió 11 veces la palabra libertad y siete, justicia.

Boric habló ante unos 500 simpatizantes, en medio de una campaña muy poco masiva de todos los candidatos, entre la apatía y las restricciones impuestas por la pandemia. “Tenemos que crecer de una manera distinta. Tenemos que crecer no destruyendo nuestra tierra. No más a un modelo de desarrollo extractivista, que reviente la naturaleza que vivimos. No tenemos un planeta B”, agregó.

Rodeado de seguidores con banderas de Chile, acompañadas de algunas de Venezuela y Cuba, países para los que se pidió libertad, y al ritmo de cumbia y rap, Kast aseguró que votar por él es votar por erradicar “el miedo a la delincuencia y la violencia”.

“Estamos dispuestos a dar la vida si fuese necesario, dar la vida por nuestro Chile querido. Dios y la patria es lo que nos inspira”, señaló el candiato.

Kast apareció en el escenario junto a su mujer y ocho de sus nueve hijos. “Se siente, se siente, Kast presidente” y “quien no salte es comunista”, gritaron sus seguidores.

En la ciudad de Concepción, a unos 500 km al sur de Santiago, Yasna Provoste, de la Democracia Cristiana, invitó a los votantes a “recuperar la unidad de Chile”.

“La derecha propone orden sin cambios y Boric, cambios sin orden, ambos nos conducen a la incertidumbre”, expresó la única mujer, senadora y exministra de Michelle Bachelet, en un debate al inicio de la semana.

PIÑERA NO PUDO REPONERSE TRAS LA FEROZ CRISIS SOCIAL CHILENA

El empresario Sebastián Piñera soñó con ser presidente de Chile y lo logró dos veces, pero su segundo mandato chocó con un estallido social sin precedentes del que no pudo reponerse y acabó con su ambición de convertirse en referente de una derecha moderna.

Con una fortuna valorada por Forbes en unos $us 2.900 millones, Piñera buscó convertirse en ejemplo de una derecha democrática, cuando en su primer mandato (2010-2014) llamó “cómplices pasivos” a los civiles defensores de la dictadura de Augusto Pinochet y cerró una cárcel especial para violadores de los derechos humanos.

En su segundo gobierno, que comenzó el 11 de marzo de 2018 y empieza a despedirse hoy, buscó mostrarse como líder regional a la cabeza de un país que él definió como “un oasis” en América Latina.

En febrero de 2019 se mostró solidario en Cúcuta (Colombia), cuando ofreció a los venezolanos una visa especial para recibirlos en Chile. Mientras en el plano interno, profundizaba el modelo neoliberal y frenaba las reformas sociales de Bachelet.

Pero sus ambiciones se fueron al sumidero el 18 de octubre de 2019, cuando tras días de protestas de estudiantes por el alza en el pasaje del metro de Santiago, se inició la mayor revuelta social en décadas en el país, que dejó 34 muertos y cientos de heridos. ”Piñera tenía como anhelo representar a una derecha moderna, democrática”, señala Claudia Heiss, académica de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile. “Tenía la intención de cerrar definitivamente la transición” de Chile, agrega.


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