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La angustia de las mujeres de Afganistán al no poder trabajar

Más de 22 millones de afganos padecerán inseguridad alimentaria este invierno, dijo Naciones Unidas, tanto por la sequía como por las perturbaciones

hace 10 dia(s)

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Con 21 años, Madina tenía el trabajo de sus sueños: era periodista y su salario era crucial para el mantenimiento de su familia en Afganistán. Pero entonces llegaron los talibanes y todo cambió: ya no trabaja y su familia se quedó sin ingresos.

«Tengo un futuro negro por delante», dice Madina, un seudónimo para proteger a esta joven que ahora se ve atrapada entre cuatro paredes, preguntándose cómo pagará su familia el alquiler o la madera para calentar la casa en el duro invierno.

Apenas unos meses antes, la joven trabajaba para una estación de radio financiada por Estados Unidos. Soñaba con presentar el noticiario en la televisión o quizás, más adelante, entrar en política.

La radio ya no emite. Y para ella es inútil buscar por otro empleo. Excepto en sectores especiales como la salud o la educación, pocas mujeres trabajan desde que los talibanes derrocaron al gobierno prooccidental y tomaron el poder en agosto.

Hace un año, con el anterior gobierno, más del 27% de las empleadas públicas eran mujeres. Los nuevos dirigentes les han dicho ahora que se queden en casa hasta nuevo aviso.



Muchas familias han perdido una parte significativa de sus ingresos justo cuando el país se dirige a una de las peores crisis humanitarias en el mundo.

Más de 22 millones de afganos padecerán inseguridad alimentaria este invierno, dijo Naciones Unidas, tanto por la sequía como por las perturbaciones provocadas por el cambio de poder.

Madina, que vive con sus padres, es la mayor de cuatro chicas y dos chicos. Su padre, un peón, apostó por su educación, lo que parecía una buena opción hasta la llegada de los talibanes a Kabul.

La familia subsistía con el salario de Madina y el de su padre. «Yo pagaba el alquiler (…) Cuando tuve trabajo, pude satisfacer las necesidades de la familia», explica.

Ahora deben comprar productos básicos como arroz y harina a crédito y, aunque en invierno el frío acecha, no pueden permitirse carbón o madera para calentar la casa.

«Es muy doloroso para mi sufrir estas dificultades», dice Madina.


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