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F Farandula

Anabel, la envidia, el kitsch y las diferentes formas de lo grotesco

A propósito de la controversia que ha levantado en las últimas semanas la conductora de televisión cruceña, tras su debut en la música y sus denuncias de acoso contra un empresario.

hace 1 mese(s)

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No había escuchado algo tan feo desde la primera vez que escuché a Bad Bunny, y creo que Bad Bunny es lo más feo que he escuchado en mi vida…. Hace 20 años atrás yo pensaba que la cumbia chicha, o villlera, llámenle como quieran, era la música más fea que podía existir jamás. Hay muchas cumbias que se salvan, obvio, o mejor dicho al revés, hay un grupo dentro de las cumbias villeras y chicha que me parecían realmente horribles (recuerdo a La Tía Coca o La Resaca, por ejemplo). No me juzguen, claro que alguna vez las bailaba, obligado por el calor de la fiesta y la abundante chicha y alcohol de antro en barrio pobre, incluso me sabía los coros pegajosos de varias villeras. Pero así, en serio, con cabeza fría, qué cosa horrible, fea, mal hecha.

Por suerte, gracias a nuestra lengua, tenemos un concepto claro para definir la nueva obra de Anabel y este tipo de situaciones: el “kitsch”. El “kitsch”, según la RAE es: “…un estilo artístico considerado «cursi», «adocenado», «siútico», «hortera» o «trillado» y, en definitiva, vulgar, aunque pretencioso y por tanto no sencillo ni clásico, sino de mal gusto y regresivo o infantiloide”. 

A ver, léanlo otra vez, es un concepto directamente copiado de la RAE, parece que describe puntualmente a la canción “Se mira pero no se toca” de Anabel, ¿no creen? Y claro, también describe a una gran cantidad del reggaetón imperante en nuestra sociedad, la mayoría ciertamente, porque no todos los reggaetones son así de malos, para que vean mi sentido de justicia.

Recién nomás leí en Página Siete el artículo de un historiador, que admite que no sabe de música, pero escribe defendiendo la música de Anabel, centrando la polémica en la enorme cantidad de “dislikes” y argumentando que nuestra idiosincrasia boliviana nos hace criticarla porque Anabel es una persona exitosa… Que somos egoístas, envidiosos, tercermundistas, etc.,  etc., etc. Por favor, a nadie le importan los “dislikes” como a la persona que los recibe, y eso pasa cuando un abogado opina sobre publicidad, cuando un político opina sobre la historia o un historiador quiere escribir sobre música. 

En una de sus masterpieces llamada “La Historia de la fealdad” el maestro Humberto Eco dice que lo feo en sí no tiene una exacta definición, sino qué a través de la historia, los humanos hemos definido lo feo por oposición a lo bello, y además este concepto cambia con las épocas y las culturas. 



Darwin tiene otra obra que se llama “La expresión de las emociones en los animales y el hombre” y observa también que lo que provoca gusto a una determinada cultura no lo provoca en otra, sin embargo, las expresiones que suceden cuando observamos algo que nos provoca disgusto y/o desprecio parecen ser las mismas para todo el mundo. 

Hay otro texto de un filósofo alemán llamado Karl Rosenkranz que parece ser el primero en tratar el tema ampliamente en un texto llamado “Estética de lo feo” de 1853 donde afirma que lo feo es lo opuesto complementario a lo bello, pero también dice que lo feo es como un error dentro de lo bello y divide su análisis en fealdad natural, fealdad en el arte, la ausencia de la forma, la falta de armonía, la asimetría, la fealdad espiritual y las distintas formas de lo grotesco.

Marx dice en sus “Manuscritos Económicos y filosóficos” que el dinero puede suplir la fealdad “Lo que soy y lo que puedo no está determinado en modo alguno por mi individualidad. Soy feo, pero puedo comprarme la mujer más bella. Por tanto, no soy feo, porque el efecto de la fealdad, su fuerza ahuyentadora ha sido aniquilada por el dinero. Según mi individualidad soy tullido, pero el dinero me otorga veinticuatro piernas, luego no soy tullido ¿Acaso no transforma el dinero todas mis carencias en su contrario?” ¿Será que el hit de Anabel se transforma en “bello” por la fuerza del dinero que permite su incesante repetición?

Volviendo al maestro Eco, este concluye que la fealdad debe tratarse en dos grandes ámbitos: La fealdad en sí misma, o sea algo que es feo por esencia, es decir un excremento, un pedazo de carne podrida, algo en descomposición que lanza un olor fétido. Y la fealdad formal como un desequilibrio en la armonía natural de las cosas, puede ser alguien con los dientes completamente chuecos y en mal estado, cuando en la realidad los dientes deberían verse sanos y saludables. 

Es decir, es diferente reaccionar a un insecto de aspecto horrendo a reaccionar a algo que esta desproporcionado, fuera de lugar, en desequilibrio, en el sentido de que está mal hecho o deforme, en este último caso entra “el arte kitsch” ya que la fealdad artística para Eco es una fealdad formal.

Omar Sánchez C. El autor es docente de Historia de la música y realizador audiovisual


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