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Justiniano: Añez se manejaba por rumores, no tenía posición firme y se amparaba en Murillo

El exministro Justiniano afirmó que Murillo quería ser el ministro “malo” del gabinete y que incluso en una reunión le dijo: ‘usted prometa lo que sea y después no cumplimos’.

hace 3 mese(s)

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El exministro de la Presidencia Jerjes Justiniano describió en las últimas horas una “radiografía” de las reuniones del gabinete de la expresidenta Jeanine Áñez y el “control” del poder político que ejercía el exministro de Gobierno Arturo Murillo porque, según su versión, la exmandataria no tenía una personalidad con una posición firme y se dejaba manejar por “rumores”.

Justiniano formó parte del primer gabinete de Áñez entre el 13 de noviembre de 2019 y el 3 de diciembre de la misma gestión en momentos que el país vivía una crisis social y política debido al conflicto poselectoral del mismo año que derivó en la renuncia del ahora expresidente Evo Morales.   

Entonces, “las reuniones de gabinete eran muy tensas, no nos olvidemos que habían conflictos sociales y prácticamente intervenían solo dos o tres ministros y el que más hablaba era Arturo Murillo, (los) que más buscaban soluciones (también éramos) Arturo Murillo y mi persona, (junto a) algunas intervenciones de la canciller Karen Longaric, el licenciado (José Luis) Parada que era ministro de Economía y fuera de ellos, prácticamente, nadie opinaba, nadie hablaba y sin lugar a dudas, y no es por ser peyorativo ni mucho menos, quien menos hablaba era la señora Presidenta”, aseguró.

La exautoridad agregó que en esas reuniones le decía a Murillo que su comportamiento “entorpecía” negociaciones para el proceso de pacificación del país porque se mostraba de manera “muy beligerante, agresivo y ofensivo” con los sectores que en ese momento estaban movilizados en las calles y carreteras en apoyo a Morales.

Pero luego “me dijo: ‘usted va a ser el ministro bueno y yo voy a ser el ministro malo’. (Después) le dije: ‘no pues ministro, no es así, en esto hay que tener la seriedad de ser gobernantes’”, relató en una entrevista con la Red Uno.



Asimismo, Justiniano recordó que a raíz de un reclamo que le hizo Áñez –porque consideraba que le estaba dando muchas “concesiones” al Movimiento Al Socialismo (MAS) hablando de la posibilidad de retirar a los militares de las calles y de otorgar salvoconductos a las entonces exautoridades refugiadas en la residencia de la Embajada de México– Murillo le dijo que hiciera nomás promesas, que después no se cumplirían. 

“Arturo Murillo me dijo: ‘ministro no se preocupe, usted prometa lo que sea y después no cumplimos’. (Pero respondí y) le dije: ‘discúlpeme, pero esa no es mi forma de ser ni de actuar, creo que, si vamos a ser gobernantes y si lo somos, tenemos que ser serios y yo no soy ningún politiquero’”, indicó.

Sin embargo, según su misma versión, esa frase ofendió a varios otros miembros del gabinete como María Elva Pinckert, exministra de Medio Ambiente, y al propio Luis Fernando López, exministro de Defensa.

Incluso “Fernando López se paró y dijo ‘si vamos a sacar a los militares de las calles yo renuncio, mis hombres están en riesgo’, o sea se armó todo un show, toda una tensión muy complicada porque, evidentemente, la Presidenta se dejaba manejar por los rumores que le llegaban, la Presidenta no tenía una posición firme con personalidad, no la tenía, ella siempre estaba amparada en Murillo y en Ortiz, que en ese entonces todavía era senador; pero, sin lugar a dudas, el que la tenía prácticamente o le endulzaba los oídos en el sentido de decir: ‘no, hay que hacer esto, hay que hacer lo otro’, era Arturo Murillo, (él) era la persona que se veía mucho más en la gestión del control del poder político que tenía de la Presidenta”, subrayó.

Murillo ahora se encuentra detenido en Estados Unidos por presunto lavado de dinero y pago de sobornos en la compra de gases lacrimógenos durante la gestión de Áñez.

Según investigaciones del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por su sigla en inglés), en el gobierno Áñez se compró con $us 5,6 millones el material antimotín con un sobreprecio de $us 2,3 millones mediante una empresa intermediaria.


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