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El francés que movilizó a Uyuni para limpiar el Salar ahora va por el lago Uru Uru

hace 20 dia(s)

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Decidido. Así se lo oye a Alexis Dessard cuando anuncia su intención de llegar hasta Oruro para iniciar una nueva cruzada contra la basura en Bolivia. Después de haber encabezado el fin de semana la limpieza del cementerio de trenes de Uyuni, esta vez quiere sacar todos los desechos en los que está enterrado el  lago Uru Uru; ya entró en contacto con las autoridades orureñas. Está esperanzado en que mostrarán la misma decisión y celeridad que encontró en las de Uyuni y los habitantes del lugar.  

Unas  mujeres  levantan la basura que se acumula en los vagones.

“Esta mañana (el lunes) me comprometí con otro proyecto, quiero ayudar a limpiar el lago de Uru Uru, me mostraron videos de cómo está el lugar, con mucha basura y botellas de plástico. Pienso estar en unos días en Oruro para reunirme con las autoridades y ver cómo podemos limpiar ese lago. En Uyuni las autoridades fueron muy eficaces, organizamos todo en un día y la población se sumó de inmediato, igual que el Ejército, sólo hacía falta una pequeña chispa para que todos trabajemos con solidaridad por el medioambiente”, expresa el joven francés de 24 años que hace unos meses salió de su país para realizar la travesía de su vida y no se imaginó que acabaría encabezando una movilización en el centro turístico más importante de Bolivia, el Salar de Uyuni, para sacarle brillo.

Alexis llegó a Bolivia hace unos meses buscando la ruta del Salar, siguiendo el consejo de los contactos bolivianos que tiene en sus redes sociales; antes había pasado por Samaipata, en Santa Cruz, y la ciudad de Potosí. 

El final del día  de limpieza  con mensajes para que los visitantes no dejen basura.

Y llegó al desierto de sal justo cuando le indicaron, al final de la temporada de lluvias, que se puede admirar más la belleza del lugar. Así, todos sus planes cambiaron, primero, porque decidió alterar su itinerario de viaje quedándose más tiempo, lo que le permitió estar más de una vez en un mismo lugar, por ejemplo, el cementerio de trenes de Uyuni.

Desde su primer paso a pie por el cementerio advirtió la gran cantidad de basura acumulada entre  los vagones, algo que no sólo lo incomodó -como ya pasó con otros visitantes extranjeros- sino que lo llenó de “pena” y preocupación, dice.  Tal vez por eso, la tercera vez que pasó por el lugar con la intención de realizar unas filmaciones, esos sentimientos lo impulsaron a tomar una decisión: convocar a la gente para limpiar el sitio que tanto atrae a los turistas. Pensó de inmediato en sus redes sociales como principales aliadas.

Para  la limpieza  en Uyuni  se movilizó incluso maquinaria pesada.

Así, la cuarta que estuvo en el cementerio de trenes, el miércoles 23 de marzo, llegó con su cámara y su dron, hizo las tomas del sitio y disparó su mensaje por Facebook. En menos de media hora, 200 personas habían visto su convocatoria y 50 habían emitido comentarios positivos y de apoyo a su iniciativa.

El francés  tenía y tiene algo claro: el cementerio de trenes de Uyuni no estaba inundado de basura, sobre de todo de bolsas plásticas por culpa de alguien en especifico, sino porque el viento que reina en el lugar las arrastra desde otros lugares y juega con éstas en el sitio. 

Alexis en  las puertas del Regimiento Loa de Uyuni.

Así, sin la premura de buscar culpables, decidió reclutar a más aliados de su causa. Pensó en las autoridades de la región y comenzó a indagar por ellas; las personas que ya estaban sumadas a su causa le facilitaron el número de teléfono de “una autoridad”, pero resulta que se trataba del alcalde electo, lo que representó perder casi un día en la persecución de su misión. Sin embargo, esto se resolvió cuando las actuales autoridades municipales de Uyuni lo contactaron y lo convocaron a una reunión.



Sin perder tiempo -asegura el francés- se organizó la logística para la jornada de limpieza, que se determinó sería el sábado 27 de marzo.  “Fueron muy eficaces para organizar la movilización de camiones y de bolsas plásticas para recoger la basura, aceptaron mis sugerencias”, cuenta Alexis.

Alexis junto  al alcalde de Uyuni, Moisés Cruz. 
 

Una horas de haber sostenido esa reunión, el francés recibía otra llamada telefónica, eran  autoridades militares del Regimiento de Infantería IV Loa, asentado en Uyuni, que también querían sumar a sus soldados a la cruzada. “Fue increíble, me llamó el Ejército para convocarme a estar con ellos el día de la limpieza”, cuenta el extranjero aún emocionado.

El sábado 27 de marzo amaneció más temprano para Alexis. A las 6:30 estaba en el Regimiento Loa, desayunando con los militares y presenciando cómo se organizaban para salir de su cuartel rumbo al cementerio de trenes y sumarse a la jornada de limpieza. 

La población  uyunense participó en la limpieza. 

“Salí con ellos, en el camión del Ejército. Llevaban un megáfono para despertar a los uyunenses invitándolos a participar en la limpieza del cementerio de trenes. ¡Fue genial!, como una película”, rememora.

A las 8:30 Alexis estaba de pie junto a 250 soldados del Loa listo para iniciar la limpieza, entonces comenzaron a llegar decenas de personas, entre pobladores de Uyuni y de otras regiones, además de los medios de comunicación. 

Se recogió  al menos dos toneladas de basura. 
 

“A las 8:45 comenzamos a recoger la basura. Éramos como 1.000 personas que incluso llegaron desde La Paz,  Cochabamba, y representantes de empresas que nos apoyaron. Había todo tipo de gente para ayudar, el Ejército mezclado con el pueblo, todos unidos, como si no hubieran diferencias, en medio de tanta solidaridad”, relata.

“Recogimos como dos toneladas de basura, sin contar con los escombros”, añade el extranjero que habla muy bien el castellano porque entre los dos y siete años vivió en Costa Rica, donde nació su padre.

El extranjero   sobre el desierto de sal boliviano.

Después del resultado del cruzada que organizó, la Alcaldía de Uyuni le entregó un diploma de reconocimiento por la labor que hizo por el ícono del turismo boliviano. El premio lo emociona, pero no es lo que buscaba, afirma.  Salió de Francia para recorrer América de “norte a sur”, en busca de aventuras, pero a su paso está dejando acción para movilizar a la gente por una causa, en este caso el medioambiente.