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En pico de pandemia, Brasil va a la caza de «fiestas de la muerte»

hace 22 dia(s)

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Calle Duque de Caxias, 158. Sao Paulo. Es madrugada. Con un ariete rompepuertas y fusiles de asalto, tropas de choque intentan entrar por la fuerza en un local cerrado a cal y canto. Dentro, se celebra una fiesta clandestina mientras Brasil vive desbordado por la pandemia.

Después de varios intentos, un agente fornido consigue abrir a golpetazos un agujero en la puerta enrollable del negocio por donde entran sus compañeros del grupo Garra, el cuerpo de élite de la Policía Civil de Sao Paulo que combate robos y asaltos.

Parece una espectacular operación contra el crimen organizado, pero es una de las muchas intervenciones que se realizan desde hace un mes para poner fin a las noches de farra de decenas, y a veces hasta cientos, de jóvenes aglomerados y ajenos al drama sanitario.

“¡Policía!¡Policía!”, exclaman al entrar en el Babel Lounge Club, donde “todas las bocas se encuentran”, según reza uno de los folletines de publicidad. En el interior, medio centenar de personas están sentadas en el suelo, en silencio. Se acabó la fiesta. La luz de las linternas de los agentes ilumina los rostros, ahora cabizbajos, de los infractores. Alguno se tapa la cara con la ropa o incluso con el pelo para no ser filmado por las cámaras.



“Quiero a todos con las manos contra la pared para ser revisados por si tienen armas”, ordena Eduardo Brotero, comisario supervisor del grupo Garra. Una de las preguntas más frecuentes de los agentes durante la inspección es: “¿Dónde está tu mascarilla?”.  “El mundo pasa por este flagelo y ustedes están aquí como si no hubiera un mañana”, clama Brotero dirigiéndose a la multitud.

Algunos de los jóvenes aseguraron no temerle al covid, que ya deja en Brasil unas 310 mil muertes y 13 millones de positivos, y está en su peor fase con récords consecutivos de contagios y decesos. El promedio actual es de 2.400 fallecidos diarios.

“¿Coronavirus? Un virus más en mi cuerpo”, dijo con sorna una prostituta que no quiso ser identificada, mientras esperaba con el resto de mujeres en otra parte del local.

El gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, las llegó a calificar de “fiestas de la muerte” por ser potenciales focos de nuevos brotes de Covid-19. Su proliferación obligó a su Administración a crear un grupo específico de trabajo con uniformados.


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