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"No puedo respirar", el estertor de George Floyd que habló por todos

La noche del 25 de mayo ha conmocionado de nuevo a la sociedad estadounidense.

hace 2 mese(s)

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Si no hubiese sido por Darnella Frazier nunca habríamos escuchado sus últimas palabras. A pesar de sus 17 años, asustada como estaba, paralizada y traumatizada por lo que grababa y veía, Darnella alcanzó a compartir el video en las redes tan pronto como todo sucedía. "Suéltalo", se escucha que alguien le dice en el video, pero el policía no hizo caso.

George Floyd, de 47 años, recién detenido, esposado y dominado (su cuerpo boca abajo y contra el piso), estaba siendo presionado por la rodilla y el peso todo de un oficial de policía blanco quien no hizo caso de su estertor. Poco tiempo después, Floyd sería declarado muerto.

La noche del 25 de mayo ha conmocionado de nuevo a la sociedad estadounidense. La familia de Floyd, la comunidad de Minneapolis, los afroamericanos todos de Estados Unidos, las minorías y todo aquel que crea en que todos valemos igual, volvimos a atestiguar cómo sigue vivo el germen del racismo, con tanta presencia e impunidad, que sigue matando a quienes creen de una raza inferior, una y otra vez.

Ya sabemos que al dolor subsigue la ira. Y que las naturales protestas llevan varios días extendidas por casi todo el país, convertidas en furia, incendios y saqueos, pues cada caído por el racismo revive el resentimiento de décadas de un estigma del que Estados Unidos parece imposibilitado de liberarse.

Muchos creyeron que la diferencia de razas era un mal en vías de superación con la llegada de Obama al poder, aquella noche de 2008 en que el mundo vio admirado a un hombre negro asumir la primera magistratura del país más poderoso del mundo y, por si fuera poco, luego repetir cuatro años más de mandato.



Pero las resistencias han mostrado su ferocidad.  Tal como advierte la física cuántica, la evolución no suele ser un proceso lineal en el tiempo, y, si no, sólo basta observar el inaudito repunte del supremacismo blanco que ha cundido en estos tiempos, desde los hechos de Charlestonville en 2017, el renacimiento de grupúsculos herederos del KKK, el incremento en el rechazo a los inmigrantes (paradójicamente en una nación fundada y fortalecida por extranjeros) y los brotes de odio contra quienes no hablan inglés u osen proponer medidas contrarias al liberalismo extremo como el confinamiento o acciones ante el cambio climático.

Los estertores son considerados por los médicos forenses como un sonido final, a veces un ronquido, a veces involuntario, que emerge de un cuerpo agónico justo antes de morir. Y uno hubiese querido pensar que quien agonizaba era el supremacismo, pero una vez más comprobamos que aún no es así.

No podremos saber si George Floyd tendría consciencia o no del simbolismo de lo que decía, pero sus últimas palabras tuvieron un significado universal, que interpretó el sentir de una parte importante de la población de todo un país que por más que sea frecuente, no termina de estar sino atónita frente a la barbarie de hechos como el de la noche del lunes pasado.

Si bien es cierto que el racismo es una sociopatía presente en todas las latitudes y asímismo universalmente condenada, para un latino, que viene de tensiones raciales distintas (no menores, pero de otra naturaleza), solapadas con el mestizaje, presenciar estos niveles de racismo en un país que se presume avanzado, no deja nunca de ser impresionante.

"No puedo respirar" es la expresión de las minorías, de los pobres, de los extranjeros, de todo quien tenga una orientación sexual que no sea la estipulada por el tradicionalismo. Las supremacías son contrarias a los más elementales principios civilizatorios, vengan de donde vengan. Sean de índole religioso, moral, étnico o político. Pero nunca son tan peligrosas como cuando son o sienten que forman parte de las fuerzas del poder. Porque no sólo creen inferior al "otro", sino que en casos encuentran los medios para exterminarlo.  


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