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Camacho, de la cumbre al llano: siete claves para entenderlo

La última encuesta de intención de voto publicada el fin de semana no es favorable para su candidatura. Repasamos las claves del papel del exlíder cívico cruceño Luis Fernando Camacho en la actual situación que vive el país.

hace 3 mese(s)

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De haber sido el protagonista central de las movilizaciones que derrocaron a Evo Morales, Luis Fernando Camacho está a punto de rendirse en su intento de llegar al poder.

Su influencia en la política de los últimos meses en el país comenzó tímidamente cuando quiso capitalizar la desgracia de los incendios en la Chiquitanía siendo el presidente del poderoso Comité pro Santa Cruz. Nombrado titular de la organización regional en febrero de 2019, el dirigente apareció con fuerza en septiembre, en plena crisis ambiental, cuando culpó de la tragedia al Gobierno y a los colonizadores de las regiones afectadas, a quienes incluso amenazó con echarlos de la zona.

Más tarde, ante las sospechas de irregularidades en el recuento de votos de las elecciones del 20 de octubre del año pasado, quien comenzó a cobrar protagonismo con un paso delante de quienes, hasta entonces, hacían frente a Morales en su afán de buscar la reelección.

Cuando por la misma preocupación el entonces candidato presidencial por la alianza Comunidad Ciudadana (CC), Carlos Mesa, anunció movilizaciones frente los tribunales electorales del país, el otrora líder cívico llamó a un paro indefinido. Fue el inicio del fin de Morales, con Camacho como punta de lanza.

Repasamos las claves de su papel en la actual situación que vive el país:

Paro cívico

“Mañana (22 de octubre), a las 12.00 del día, empezamos a parar este país”, fue el imperativo de Camacho en el frontis del Comité pro Santa Cruz, ante simpatizantes y detractores del gobierno de Morales.

Invocatoria a las Fuerzas Armadas

En el cabildo multitudinario del Cristo Redentor, del 2 noviembre, Camacho invocó a las Fuerzas Armadas a estar al lado del pueblo e insistió en pedir la renuncia de Morales. “A esos militares, agradecerles por esa posición firme de estar con su pueblo, porque ahora es el pueblo el que manda”, arengó el dirigente.

“La lucha no tiene retorno”, insistió Camacho.

Fue la vez que prometió respaldo a la Policía Bolivia para parte del “próximo” gobierno. “La Policía quiere que el pueblo lo respalde para que el próximo gobierno le dé las condiciones laborales”.

Deben tener “igualdad de condiciones salariales y sociales”, dijo.

La tarde del 10 de noviembre, el entonces comandante de las Fuerzas Armadas, Williams Kaliman, sugirió a Morales renunciar, que fue la estocada final de la caída del mandatario.

Alianza con Pumari

En la llamada movilizaciones de los “21 días”, Camacho coincidió con el liderazgo de Marco Pumari, entonces presidente del Comité Cívico Potosinista (Comcipo). Desde antes de las elecciones, el dirigente potosino había liderado una movilización regional contra un acuerdo de explotación de litio entre el gobierno de Morales y Alemania, que luego se frustró.

Pumari se convirtió en el “compañero” de lucha; juntos llegaron a La Paz, donde también protagonizaron movilizaciones. Allí surgió el “idilio” cívico.



Ingreso al Palacio de Gobierno

El “punto final” para Morales que había señalado Camacho en sus discursos en el Cristo Redentor llegó el mismo día en que el entonces líder cívico cruceño ingresó en el Palacio Quemado, en La Paz, luego de un recorrido resguardado por policías.

Lo hizo horas antes de la renuncia de Morales y el vicepresidente Álvaro García, en Chimoré. De rodillas, Camacho, acompañado de Pumari y el abogado Eduardo León, plantó la biblia y una tricolor en el escudo del piso del hall principal. Llevaba además la carta de renuncia que debía firmar Morales.

Fue un mensaje simbólico que marcó un punto de inflexión en la gestión del poder en el país.

Respaldo a la asunción de Jeanine Áñez

Dos días después de la renuncia de Morales, Áñez y su entorno en construcción (aparecía visiblemente los senadores Arturo Murillo, Yerko Núñez y María Elva Pinckert) se pasaron el día entre esperar una comunicación del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) sobre su eventual asunción, y a la vez la organización de la sucesión constitucional.

Habían renunciado a ese derecho político García, la presidenta de la Cámara de Senadores, Adriana Salvatierra; el segundo vicepresidente de este órgano, Rubén Medinacelli, y el titular de Diputados, Víctor Borda. Todos del MAS.

La siguiente legisladora en el orden de prelación era Áñez, segunda vicepresidenta del Senado. En esa condición, al final del día 12 de noviembre, organizó, primero, una sesión de senadores que no se instaló, no tuvo el quorum respecto ni la presencia del partido mayoritario, el MAS. Asumió la presidencia del órgano legislativo y en ese papel instaló otra sesión, esta vez de la Asamblea Legislativa, en las mismas condiciones de ausencia de quorum y del MAS. Luego de la lectura de un texto se proclamó sucesora de Morales, ante el asilo que éste había tomado en México.

En la organización del futuro gabinete, Camacho tuvo un rol preponderante. Puso como colaboradores de Áñez al entonces ministro de la Presidencia, Jerjes Justiniano, que fue su abogado personal, y al de Defensa, Fernando López, que había sido cuota de las Fuerzas Armadas negociada –se supo más tarde— por el padre del dirigente cívico, José Luis Camacho Miserendino.

Las develaciones en un audio

El hecho más polémico que protagonizó Camacho fue una declaración divulgada en una grabación, el 8 de diciembre, en la que se le escucha aludir a Pumari sobre el interés de éste en dos aduanas del país, puestos en el gobierno de Áñez y $us 250.000.

“Si queremos generar un mejor país, nuevo, renovado, con esperanza, con juventud, no podemos nosotros empezar con las condiciones. Yo no lo quería decir (…), pero no podemos hablar, por lo menos yo me siento así, de que yo estoy pagando prácticamente por una candidatura, cuando hablamos de los $us 250.000, y no es correcto”, se escucha en la voz de Camacho.

La divulgación del audio causó conflicto entre Camacho y Pumari, quienes por unos días rompieron su interés de conformar un binomio presidencial.

Su candidatura

Salvadas las diferencias, los exdirigentes cívicos sellaron su alianza el 31 de diciembre. “Hasta hace poco, la historia de Bolivia la escribían por nosotros, desde ahora la escribiremos todos los bolivianos”, escribió entonces Camacho en sus redes sociales.

Más tarde, anunciaron la conformación de su alianza Creemos Bolivia, con varias fuerzas políticas residuales, entre ellas el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) y el Partido Demócrata Cristiano (PDC).

Ahora, a luz de las encuestas que lo ubican en cuarto lugar, 9,6%, Camacho puso el martes su candidatura “en blanco”, a la espera de la convocatoria de una reunión por parte del Comité pro Santa Cruz para definir una candidatura única para hacerle frente al Movimiento Al Socialismo (MAS) en las elecciones del 3 de mayo.///


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