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Opinión

Jeanine Añez y la rebelión de las mujeres bolivianas, o cómo vestir y desvestir a Jeanine
Por: María Galindo *

LAS OPINIONES EXPRESADAS POR LOS COLABORADORES SON PROPIAS Y NO LA OPINIÓN DE KANDIRE
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Ni duda cabe que las mujeres bolivianas estamos protagonizando una emancipación gigante. Hemos desarrollado un tejido social de subsistencia, que es la economía informal, gracias a la cual inventamos bienestar y convertimos las ciudades en grandes patios colectivos. Las hijas de lavanderas y comerciantes quieren ser agrónomas y trabajadoras sociales, y se atreven a ir a las universidades sin pedir permiso a nadie. Cualquier mujer que se queda embarazada, sea que tenga [email protected] o no, se pregunta si quiere realmente tenerlo, por lo que el aborto es una opción masiva; abortar, haber abortado o desear abortar entre las mujeres no es un insulto, sino una realidad que la hemos tomado con las dos manos. Podría escribir hasta el infinito señalando todos y cada uno de los gestos, comportamientos y modos de emancipación, de libertad, de rebelión que estamos protagonizando las mujeres, desde la ropa hasta el uso y la toma del espacio público.

Frente a esa rebelión la reacción machista es de resentimiento, de sensación de pérdida del control, de inutilidad, de desorientación, de desesperación, de rabia. Eso explica el fenómeno gigante de violencia machista por el que también estamos atravesando; empieza en la humillación y termina en el feminicidio. La idea colectiva es que las mujeres retrocedamos, renunciemos a nuestra libertad en nombre de la pareja o de la maternidad. Ahí es que se desata el gran drama social. El relato de la buena madre, de la mujer sacrificada, de la que renuncia, es el que más exaltan medios de comunicación, partidos políticos e iglesias.

En ese contexto aparece la candidatura de Janine Añez, queriendo, por un lado, cosechar ese proceso de búsqueda de dignidad que sentimos en lo más profundo de nuestros corazones hoy las mujeres bolivianas y legitimarse desde ahí, y, por el otro lado, como la respuesta ideal que ese conservadurismo antiaborto, antilibertades sexuales, antidivorcio, profamilia y proabnegación de las mujeres necesita para refrescar.

Ella se convierte, por tanto, en un personaje con doble cara, con doble sentido, con doble fondo. No dudará ni por un momento en perseguir, encarcelar y humillar a las mujeres que aborten desatando un nueva inquisición. No dudará en, como de hecho lo hace,  proclamar la abnegación y el sacrificio de las mujeres como valor y no su libertad. Al mismo tiempo intentará representar a las mujeres, convertirse en un referente público. Janine es en ese contexto un arma perversa del propio patriarcado. Ella como mujer símbolo contra las mujeres, ella como mujer símbolo contra las libertades de las mujeres. Lo peculiar, que en otras ocasiones ya he explorado, es que Janine es una mujer que ha pasado por el divorcio, por la persecución de su sexualidad, por el abuso de poder y el abuso sexual dentro del partido, dentro del grupo de poder en el que se ha movido, por lo que su discurso conservador es hipócrita, es falso y es su manera de volver a complacer a quienes le exigieron esa complacencia sexual y política. Se ha callado no por sumisión, sino por oportunismo.

Si ella se rebelara, si ella revelara todos y cada uno de los capítulos políticos de su propia biografía sería una revelación política interesante, porque constituiría el momento de verdad que las mujeres necesitamos. Pero ella juega el juego hipócrita de la madre abnegada, de la mujer apegada a la Biblia, de la reprimida, de la represora, de la mujer que por jugar a ser presidenta cambia hasta el modo de vestir. Era más atrevida, más alegre antes, pero apenas la posesionaron le enviaron maletas de ropa discreta para vestirla como se hace con una muñeca y hacer de su cuerpo y sus gestos el contenedor del conservadurismo que el poder, que el patriarcado necesita.

La libertad en la forma de vestir, la soberanía del “me visto como me da la gana” es una de las conquistas más chiquitas, pero más significativas que protagonizamos las mujeres bolivianas. En eso especialmente las mujeres benianas se han caracterizado por su atrevimiento, porque su cultura originaria es la desnudez. Por eso cambiarle el modo de vestir a Janine ha sido importante, porque ha sido la forma de disciplinarla.

Las instituciones patriarcales han comprendido hace mucho tiempo que para frenar el proceso de rebelión de las mujeres, precisamente las mujeres resultan muy efectivas porque son engañosas, por eso todas las sectas han incorporado pastoras que hablan sobre los maridos y las angustias de la infidelidad, por eso todos los partidos de derecha han incorporado mujeres que sean funcionales a las estructuras patriarcales y no se rebelen, y la izquierda ha hecho otro tanto de lo mismo, todo por sofocar la rebelión de las mujeres.

La ofensiva fascista patriarcal también tiene mujeres fascistas al frente. En Bolivia varios de los cabildos, especialmente en Santa Cruz, han tenido oradoras fanáticas; grupos como Kuña Embarete son parte del mismo fenómeno, defienden un comité cívico masculinista, misógino, que tiene un club social donde la entrada de las mujeres está prohibida y disfrutan de esa defensa masoquista de su humillación milenaria.

Funcionalizar las expectativas de las mujeres de tener espacios al proyecto patriarcal y fascista, a eso se dedican. Usar las luchas y denuncia de la violencia machista ha sido otro recurso permanente, quieren convertir la angustia de la violencia machista en un botín político, por eso no les interesa el análisis de las causas y frente a las mujeres malas que somos las feministas se presentan como las mujeres buenas que quieren patria, hogar y familia.

Janine Añez es una hipócrita al servicio del proyecto de sometimiento de las mujeres y digo hipócrita porque lo ha sufrido en carne propia.

Janine es el equivalente de la madre del feminicida que justifica y defiende a su hijito, porque la mujer asesinada fue una mala mujer que no lo quiso complacer.



Janine es el equivalente de la represora que obligará a una niña embarazada, como las hay cientos en el Beni, a parir para complacencia del macho que la violó.

Janine es el equivalente de la hipócrita que condena la libertad sexual de una lesbiana y que esconde al hijo gay, como se esconde lo malo debajo de la alfombra, mientras exhibe a su hija como la niña que quiere heredar el trono de la madre.

Janine es funcional al patriarcado y no le importa lo que necesitamos, queremos o deseamos las mujeres bolivianas; sabe que para obtener el respaldo de Samuel Doria Medina tiene que presentarse como una conservadora cultora de la familia nuclear patriarcal que no tiene, porque sino jamás hubiera llegado a donde llegó.

Janine sabe que ser funcional es lo que le conviene a su proyecto arribista.

Janine sabe que ser útil al patriarcado es lo que le conviene para llegar al poder con todo su clan y que roben a manos llenas.

Janine es capaz de mandar a matar y lavarse las manos, como lo ha hecho con la masacre de Senkata, y es capaz de mostrarse como la mujer sensible amante del pueblo.

Janine ha sido utilizada por el grupo de poder que la encumbró y terminó utilizándolos a todos ellos para gestar su propio proyecto de poder con su clan; traicionó a quienes la utilizaron, no para cambiar de ruta, sino para ser ella la beneficiaria.

Ahora su próxima agenda política es traicionar a las mujeres bolivianas, porque si de traicionar se trata ella puede dar lecciones particulares.

No basta con ser mujer para beneficiar a las mujeres.

No basta con ser mujer para representar a las mujeres.

Janine es un arma para frenar la rebelión de las mujeres en Bolivia y mientras escribo esto tengo la certeza que no lo va a lograr.


*   Maria Galindo

Integrante de Mujeres Creando



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