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Nayib Bukele: "Soy el presidente más cool del mundo"

hace 2 mese(s)

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Nayib Bukele tiene 37 años y hace menos de una semana asumió la presidencia de El Salvador, un país castigado no solo por 30 años de malos políticos, sino, por el accionar de las maras y pandillas.

El que muchos medios a nivel internacional han llamado presidente Millennial en sus respectivos titulares y notas, tiene una particular forma de comunicarse con sus “seguidores”.

Lo anterior es literal, debido a que desde su campaña política y mucho antes que eso, Bukele se caracterizó por manejar desde sus redes sociales un importante caudal de incondicionales, que lo consideran un político diferente, alejado de las tradicionales formas de expresión de gobernantes o funcionarios que se consideren serios, aunque su desempeño esté marcado por malas gestiones.

No es que a Bukele no se le atribuyan fallos en su servicio público. Ha sido dos veces alcalde por el saliente partido Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Investigaciones de el periódico El Faro, lo sitúan, desde sus funciones edilicias, en la empresa Obermet, la encargada de llevar la  publicidad en su entonces partido y siendo alcalde de San Salvador, algo que en otros países sería señalado como conflicto de intereses de quienes ostenten un cargo público, y a la vez, estén vinculados a una empresa sirviendo y sirviéndose del Estado en concepto de ganancias.

Eso no parece inmutar a sus seguidores. Los que se mantienen fieles a su estilo, consideran que Bukele no cometió ninguna ilegalidad, ya que la empresa era dirigida por uno de sus hermanos, por lo tanto, se trata de una malévola estrategia “los mismos de siempre” como él mismo denominó a su expartido y a la derecha tradicional, Alianza Republicana Nacionalista (ARENA).

En medio del apoyo popular, han surgido otras investigaciones, señalando que funcionarios de Bukele en su ex-gobierno capitalino, pactaron con pandillas  para poder reducir el número de homicidios o hechos delincuenciales en una parte del centro de San Salvador. Tampoco afectó el caudal de “cariño político” que profesan sus seguidores. Su estilo RockStar parece que es suficiente para ellos.

El cansancio que dejó la corrupción

Lo de Bukele recuerda a otro recién estrenado presidente europeo: el cómico Volodymyr Zelenskiy quien aprovechó el descontento de las masas en Ucrania, luego que los políticos tradicionales se sirvieran del Estado, generando un repudio generalizado.

Lo mismo ha venido sucediendo en El Salvador de los últimos 30 años. Las primeras dos décadas, fue la derecha (ARENA) la encargada de tejer la manta de descontento que, entre otros casos, llevó a juicio al fallecido presidente Francisco Flores, acusado de apropiarse de al menos 10 millones de dólares de la cooperación taiwanesa, la cual estaba originalmente destinada a las víctimas del terremoto de 2001.

El dinero, según las acusaciones, fue a dar al partido de derecha. Flores murió en medio del proceso, pero su denunciante fue en ese entonces el mandatario Mauricio Funes.

El periodista era el primer presidente del “gobierno del cambio” del FMLN. (Partido de izquierda y ex-guerrilla) No obstante en ese quinquenio y según investigaciones del ministerio público salvadoreño, Funes inició la debacle de la izquierda prometedora de cambios sociales, al adjudicarle el uso de más de 350 millones de dólares en viajes, gastos y otros actos de corrupción que lo tienen asilado en Nicaragua y bajo la protección del presidente Daniel Ortega.

La población, sin embargo, llevó a la izquierda nuevamente al poder. Bukele aún formaba parte de ese partido casi la totalidad del quinquenio, cuando entre otras denuncias, salían a la luz viajes de funcionarios, uso de fondos públicos para gastos personales y contratación de familiares en puestos de gobierno. El nepotismo fue la gota que derramó el vaso de hiel en los salvadoreños.

No obstante, Bukele no denunció a su entonces instituto político. Aunque los roces con algunos miembros de la cúpula comenzaron a ser cada vez más notorios.

 

La joven promesa política ya promovía dentro del FMLN sus “Nuevas Ideas”, un submovimiento político que le estaba dejando adeptos y que no gustaba nada a los tradicionales miembros que en El Salvador llaman dinosaurios de la política.

Pero la ruptura llegó en 2018, cuatro años después del segundo mandato de su instituto político, desgastado por cometer los mismos errores de su enemigo político: la derecha.

Bukele sabía que había logrado una importante masa de seguidores a través de las redes sociales. No lo cuestionaban, lo alababan y por ende, era hora de emprender el vuelo con sus golondrinas, el emblema de Nuevas Ideas.

Eso lo tiene en la presidencia de El Salvador, gobernando desde el domingo pasado e informando todo en redes sociales.

Sus pocas intervenciones con la prensa han sido casi sin dirigirse a los periodistas, sobre todo a los de medios investigativos.



Despidos y nepotismo: pasado y presente

Todo lo que Nayib Bukele quiere decir, lo ha hecho a través de su cuenta de Twitter.

Desde el domingo 01 de junio, su cuenta se convirtió en el vehículo para dirigir al país.

Su estrategia ha sido escribir la frase “se ordena a…”. De esa forma le ha pedido a los nuevos funcionarios (Sí, vía Twitter) remover de sus cargos a familiares de el saliente presidente Salvador Sánchez Cerén u otros exfuncionarios efemelenistas.

El exmandatario, por ejemplo, había colocado a hijos y nietos en diversos cargos públicos. Los seguidores de Bukele y hasta los que no lo son, aplaudieron los despidos, en un inicio. Los que se mantienen críticos, sostienen que todo forma parte de una estrategia o cortina de humo para tapar su propio nepotismo.

Y es que la denuncia de nepotismo de Bukele, estaría siendo un error que ha adoptado de su expartido, según sus críticos. El presidente Millennial, ha colocado en cargos públicos a sus allegados. Entre ellos hay hermanos, esposos, cuñados y familiares de quienes fueron los más fieles emisarios de sus Nuevas Ideas, generando críticas entre quienes no se identifican con las golondrinas.

Sin embargo, nombrar despido por despido y familiar por familiar, de los políticos salientes, ha dejado en el olvido los reclamos que venían incluso de sus seguidores dados los nombramientos. Uno de estos que estaría por anunciarse, es el de su hermano Yamil Bukele, quien suena fuerte para presidente del Instituto Nacional de los Deportes (INDES).

 

“Soy el presidente más cool del mundo”

Ayer, Bukele mostró su cara más alejada de la política tradicional, trascendiendo de las fronteras salvadoreñas.

Los denominados “influencers” de las redes sociales captaron el mensaje, algunos para bien, otros cuestionando, incluso desde Chile, esas formas de comunicarse, si es que eres mandatario.

 

Algunos comentarios en la publicación chilena, hablaron del alcance internacional que han tenido los singulares tuiteos del presidente salvadoreño, pero las críticas se extienden en algún grado a sus seguidores.

Nayib Bukele interactuó con cuentas de influencers y youtubers que retienen un importante caudal de seguidores y que llamaban a dar “Like” si es que querías elevarlo a una presidencia en redes sociales.

 

A Bukele, no le interesó, (o al menos así lo dejó ver) que a su toma de posesión no asistieran presidentes como el de México, Andrés Manuel López Óbrador, el argentino, Mauricio Macri, el chileno Sebastián Piñera o Jair Bolsonaro de Brasil. Tampoco arribó a la cita el guatemalteco Jimmy Morales o el hondureño Juan Orlando Hernández. Con estos dos últimos sus relaciones han sido tensas debido a las críticas disparadas por el ahora mandatario salvadoreño, claro está, desde Twitter.

En una ocasión, cuando era candidato, Bukele llamó “imbécil” al entonces presidente de México Enrique Peña Nieto, sin ningún reparo.

Popular para muchos, populista para otros, lo cierto es que Bukele tiene un reto grande en un país donde la inseguridad reina día a día, con asesinatos que ahora se sitúan en 12 a diario.

Se suman las extorsiones de pandilleros a comercios pequeños y medianos, con homicidios como venganza, sino existe la entrega exigida de dinero. Está también la desaparición de jóvenes y el reclutamiento de pandillas o maras, amenazando a niños y adolescentes, entre otros. Esos son los verdaderos retos que enfrenta el presidente Millennial, más allá de sus órdenes o mensajes en 280 caracteres de Twitter, por “más cool” que sean.

 


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