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La hija adoptada que decidió asesinar a su madre, tía para quedarse con una cuantiosa herencia en Cochabamba

hace 5 mese(s)

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Shirley del Carmen Caballero Ovando, de 59 años, y su hermana Patricia Roxana Caballero Ovando, de 54, fueron adoptadas cuando eran niñas y crecieron pensando en la maravillosa oportunidad que les dieron sus padres de pertenecer a una familia, de desarrollar una identidad plena, de estudiar y de convertirse en ciudadanas agradecidas con la vida

Por ello, cuando se hicieron grandes, decidieron repetir ese acto de amor y adoptar a niñas que habían quedado huérfanas. La profesora Shirley del Carmen se casó con el militar Manuel Cardozo, pero no pudieron tener hijos de sangre y adoptaron a Isabel. No solo le dieron sus apellidos, sino también estudios y amor

Sin embargo, no todo fue un lecho de rosas. Shirley del Carmen y su hija  Isabel comenzaron a tener muchas diferencias desde que ella llegó a la adolescencia, por sus caracteres fuertes y determinados. La profesora quería que Isabel sea disciplinada, pero ella no lo era y discutían con frecuencia por los hábitos de la joven

Al salir bachiller, Isabel quiso estudiar Psicología y sus padres adoptivos la respaldaron. Ella cursó dos semestres y decidió dejar la carrera. Luego ingresó a la facultad de Medicina, pero tras cuatro meses de estudios también la abandonó

La joven no se inscribió a ninguna otra carrera, empezó a salir con sus amigos, quedó embarazada, tuvo a su hijo y continuó saliendo a fiestas y reuniones juveniles. Para presionarla, y lograr que estudie, Shirley del Carmen Caballero decidió restringirle el dinero y solo le daba poco, lo justo para los gastos del niño, lo que en lugar de hacer reaccionar a Isabel, solo profundizó la mala relación familiar y generó un resentimiento profundo en la joven

Por su lado, la otra hermana, Patricia Roxana Caballero, se casó con Mario Claudio T.R. y juntos adoptaron a dos niñas cuando eran bebitas y las pequeñas siempre creyeron que eran hijas de sangre de la pareja. Con el tiempo, la relación sentimental se deterioró y las discusiones subieron de tono, por lo que decidieron separarse y Patricia inició los trámites de divorcio en diciembre de 2016. 

En la casa de la calle José Martí y Tarapacá, cerca del puente y la plaza Cobija de Cochabamba vivían las dos hermanas Patricia y Shirley del Carmen Caballero, el militar Manuel Cardozo, de 79 años, Isabel, de 23, las niñas Marisa, de 13, y Wendy de 10 (nombres de las menores cambiados) y el hijo pequeño de Isabel

 De acuerdo a las investigaciones logradas por la Policía y el Ministerio Público, Isabel empezó a planificar un triple asesinato para quedarse como heredera del patrimonio de sus padres adoptivos. No lo hizo sola. Alfonso P.A., un  amigo de colegio que tiene un perfil psicopático, según una pericia del Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF), la ayudó a delinear los detalles y quiso participar de la ejecución. José Carlos  C.T., el enamorado de Isabel, se convirtió en cómplice al comprometerse a permanecer fuera de la casa durante el ataque, para alertarles de alguna llegada intempestiva o en caso de que tuviera que contener o recoger a los niños. 

Isabel habló con sus primas, las niñas Marisa y Wendy, y les reveló que eran adoptadas. Además, les dijo que como Claudio y Patricia estaban en proceso de divorcio, ellas iban a ser arrojadas a la calle, porque había escuchado que ninguno quería cuidarlas. Les contó su plan de que unos encapuchados entren a matar a Patricia, a Shirley del Carmen y a Manuel. Y les prometió que tras la desaparición de los tres adultos mayores, ella misma se encargaría de protegerlas porque serían herederas de toda la fortuna familiar y serían felices junto al bebé de Isabel

Según la acusación fisca, Isabel, a la que le decían Chabi, logró sumergir a las menores en un estado de tanta inestabilidad emocional y zozobra que las llevó a callar el plan. La más pequeña, Wendy, era la que más miedo tenía,  por lo que Chabi y Alfonso planificaron que si ella se descontrolaba o ponía en riesgo el atentado, también la matarían. Así lo develó Marisa después. 

También era parte del plan implicar como sospechoso de los crímenes a Claudio T., aprovechando el conflictivo proceso de divorcio que llevaban él y Patricia. 



Los criminales querían operar el día del cumpleaños de Patricia, pero las niñas se opusieron y tuvieron que esperar hasta el 27 de julio de 2017. A a las 20:30 horas, la madre adoptiva de las niñas hizo una lista de unas cobranzas que tenía que efectuar y le pidió a su hija Wendy que la acompañe a hacerlas

Ya iban de salida, cuando Patricia se dio cuenta que dejó la lista en la mesa y volvió a entrar en la casa. Entonces Chabi la sorprendió por detrás tapándole la boca. Patricia luchó y logró liberarse reclamándole a su sobrina: “’¡Qué te pasa! ¿Cómo me vas a hacer eso? ¿Qué te he hecho? Suéltame!”

Isabel llamó a gritos a Alfonso y él, que había entrado por la puerta trasera del inmueble, con un cuchillo, atacó a puñaladas a Patricia mientras Chabi le sostenía los brazos para evitar que su tía se defienda. Todo, en presencia de Wendy, Los gritos desesperados de Patricia alertaron a su hermana, que estaba en el segundo piso. Ella bajó y acercándose al comedor por la ventana le pidió a la niña que le abriera. La pequeña estaba paralizada de terror.

Los asesinos le hicieron señas para que le dijera que la puerta estaba abierta, pero Wendy no lo hizo

La madre adoptiva de Isabel entró a la sala y Alfonso la redujo. Wendy, asustada, corrió a su cuarto, donde estaba su hermana Marisa cuidando al hijo de Isabel. Shirley del Carmen trató de zafarse de sus atacantes y Chabi le gritó a Wendy que le trajera un cuchillo de la cocina, pero ella se rehusó. Fue Marisa, la adolescente de 13 años, quien le llevó el arma, atemorizada por lo que le pasaría si no obedecían. Entre Alfonso y Chabi apuñalaron a la profesora mientras ella miraba a la hija que crió como si fuera suya y le gritaba: “Malagradecida!”, hasta que dejó de moverse

Después, Isabel se hizo cortes en los brazos y Alfonso les ordenó a las niñas que trajeran un cinturón para evitar que su prima se desangrara

Antes de marcharse de la casa, Alfonso le exigió a Chabi el dinero que debía pagarle y ella le explicó que estaba en una habitación cerrada con llave. La joven amenazó a Wendy con que Alfonso le haría lo mismo que a su madre y a su tía si no se callaba. Luego le dijo a Marisa que llame al Tata Manuel diciéndole que Shirley del Carmen (Lalita) se había desmayado, pero él demoró. Cuando Cardozo llegó a su hogar, encontró a su esposa y cuñada sin vida y a su hija Isabel, herida. Esta última le dijo que tres encapuchados habían ingresado a robar y las hirió. 

Destrozado, el militar les pidió a las niñas que avisen a los vecinos para que soliciten ambulancias. A la vivienda llegaron de inmediato algunos canales de televisión  y Claudio T., el padre adoptivo de las niñas, que estaba en su casa y había visto el reporte de una unidad móvil, llegó corriendo al lugar para auxiliar a sus hijas. Ambas se pusieron nerviosas al verlo y la más pequeña se desvaneció, lo que lo convirtió en un sospechoso inicial. A ello se añadió el testimonio de Isabel, Chabi, quien dijo que ella logró quitarle la capucha a uno de los atacantes y reconoció a Claudio. El hombre, pese a su inocencia, fue aprehendido y enviado a la cárcel por más de cuatro meses, con detención preventiva, por feminicidio y asesinato. 

Después se estableció que no tenía ninguna participación en el hecho de sangre, pues Isabel dio tres versiones distintas durante la reconstrucción y se la vio intimidando con la mirada a sus primas. Además, un forense detectó que ella se había infligido sus propias heridas. Finalmente, las niñas fueron sometidas a terapias y revelaron lo que realmente sucedió en la vivienda de la familia Cardozo Caballero

El 26 de abril de 2019 comenzó el juicio contra los tres acusados y al menos 34 testigos continúan ofreciendo sus versiones en los estrados judiciales.                                                                   

Varios coinciden en que los móviles del doble crimen fueron la ambición y una “macabra ingratitud”. 
 


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