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Brasil ya vota convencido de que la ultraderecha se impondrá

El candidato de la izquierda recorta su desventaja, pero está lejos de Bolsonaro

hace 19 dia(s)

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Los colegios electorales de Brasil abrieron este domingo para la segunda vuelta de las presidenciales, que enfrentan al ultraderechista Jair Bolsonaro, favorito en todas las encuestas, y al progresista Fernando Haddad. En esta jornada, para la que están convocados unos 147 millones de votantes, también se elegirá en segunda vuelta a los gobernadores de 14 de los 27 estados del país, que completarán el mapa político que encontrará el nuevo mandatario, que asumirá el poder el próximo 1 de enero.

La campaña electoral en Brasil que hoy termina con la segunda vuelta de las presidenciales ha estado marcada por la confusión, la rabia y las noticias falsas. La imagen que mejor lo resume es la de Jair Bolsonaro, el candidato de ultraderecha, el pasado domingo en el jardín de su casa en la playa de Río de Janeiro. Sujeta el teléfono móvil mientras se graba hablando: “¡Vamos a expulsar a los rojos marginales de la patria (…) vamos a borrarlos del mapa; se irán del país o irán a la cárcel!”, amenaza. Será “una limpieza jamás vista en nuestro país”, añade.

El incendiario discurso fue trasmitido en directo por una enorme pantalla erigida para la concentración de miles de bolsonaristas en la avenida Paulista de São Paulo, donde las movilizaciones de la nueva derecha brasileña nacieron hace tres años para exigir la destitución de la presidenta Dilma Rousseff y el encarcelamiento de Luiz Inácio Lula da Silva. Lograron ambos objetivos, y ahora la llegada a la presidencia de Bolsonaro –que lidera los sondeos con el 56% frente al 44% de su rival, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT)– puede culminar el proceso.

Otra declaración, esta vez del hijo de Bolsonaro, Eduardo, provocó estupor en el ámbito jurídico. “Basta un soldado y un cabo para cerrar el Tribunal Supremo”, advirtió en un discurso de julio, pero obtenido por los medios la semana pasada.

No era exactamente el lenguaje conciliador que algunos esperaban del futuro presidente de un país polarizado en el que la violencia de la calle empieza a trasladarse a la política. La probable victoria de Bolsonaro llega después de un avance sin precedentes en el Congreso de la nueva derecha –estrechamente ligada a las llamadas bancadas de la bala (defensores de más militarización policial y paramilitarización ciudadana) y de la Biblia (cristianos principalmente evangélicos, pero también católicos del Opus Dei)– en el país más grande de América Latina y el quinto más poblado del mundo. Los conservadores lideran asimismo en las grandes contiendas de los estados de São Paulo y Río. Allí, el exalcalde Eduardo Paes, aplaudido por su gestión de los JJ.OO. del 2016, va a la zaga del bolsonarista Wilson Witzel, desconocido hace sólo dos meses.

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Un Brasil desigual decide su futuro (Rosa M.ª Anechina)



En el momento álgido de su discurso, el excapitán paracaidista, que defiende las armas de fuego, el uso de la tortura y la militarización de la lucha contra el crimen, cargó contra su blanco predilecto: “Señor Lula da Silva: ¡usted va a pudrirse en la cárcel!”, dijo, para añadir que “Haddad ira la cárcel también, no para visitarle sino para quedarse”.

Encarcelado por blanqueo de dinero y corrupción pasiva, el expresidente llevaba más de 10 puntos de ventaja sobre Bolsonaro cuando el tribunal electoral le forzó a retirar su candidatura el mes pasado. Haddad, exalcalde de São Paulo, no ha logrado hacerse con todo el apoyo lulista, aunque el PT es el único de los partidos existentes que sobre­vive tras la avalancha bolsonarista.

Herido en un atentado con arma blanca en la primera vuelta, Bolsonaro coordina su campaña desde casa junto a sus tres hijos. Pero merced a una eficaz, y probablemente ilegal, campaña en redes sociales, principalmente a través del teléfono móvil, jamás ha perdido el protagonismo. Según las investigaciones del diario Folha de São Paulo, varios empresarios multimillonarios afines compraron un producto de disparo masivo de desinformación por WhatsApp que según muchos analistas fue un factor decisivo en el aumento inesperado del apoyo al candidato de ultraderecha del 30% al 46% al final de la primera vuelta. “Nadie creía que Bolsonaro podría subir tanto y tan rápidamente; creemos que esos WhatsApp son un factor clave”, dice Jorge Chaloub, analista de la Universidad Juiz de Fora.

Otra decisión polémica que puede haber favorecido a Bolsonaro fue la del juez Sérgio Moro de publicar en plena campaña el testimonio del exministro de Finanzas del primer gobierno de Lula, Antonio Paloccio, que, a cambio de reducir su sentencia por corrupción, denunció al expresidente. La decisión de Moro se considera en algunos ámbitos otro ejemplo de la agenda política de los jueces de la investigación Lava Jato. “El testimonio es de meses antes. ¿Por qué publicarlo justo en ese momento?”, dice Thiago Bottino, de la Fundación Getulio Vargas en Río.

¿Hay que tomar en serio la retórica amenazante de Bolsonaro? Hay quienes minimizan las declaraciones, que consideran una táctica electoral que dará paso a una actitud más unificadora tras las elecciones. Otros, como André Singer, respetado analista, ven una autorización implícita de actos de violencia contra el PT. El asesinato a cuchilladas del veterano artista de capoeira de Salvador Moa do Katendé por un bolsonarista es un ejemplo.

Hay indicios de que la línea dura de Bolsonaro en sus últimas declaraciones puede ser el motivo de la caída de su ventaja sobre Haddad: ha perdido seis puntos en el último sondeo. “El discurso del domingo fue muy violento (…) puede provocar el rechazo de parte de sus votantes”, opina el analista Fernando Abrucio, citado en el diario O Globo. Haddad ya mantiene una estrecha ventaja en la ciudad de São Paulo y en las comunidades más rurales y pobres del nordeste. Debido a la extrema volatilidad de estas elecciones, no se puede descartar del todo una sorpresa de último minuto.

Pero difícilmente se podrá parar la ola bolsonarista. Por una simple razón: la gran mayoría de sus votante no lo apoyan por su ideología sino porque lo consideran el azote a un sistema corrupto. “Dice idioteces, pero lo votaré porque quiero un cambio”, afirma Leidilane Pereira, vendedora de plantas del barrio de Catea en Río, que, como casi todo el mundo, se queja de los asaltos violentos. Leidilane no tiene el típico perfil de un votante de la ultraderecha tal y como se conoce en Europa o EE.UU. Es negra y tiene 22 años.///


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