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Cientos de civiles huyen de bastión rebelde en Siria por temor a ofensiva del gobierno

hace 17 dia(s)

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Cientos de civiles sirios huían de la provincia de Idlib por temor a una ofensiva del régimen, la víspera de una reunión crucial en Irán para decidir el destino de este último gran bastión yihadista y rebelde en Siria.

El jueves, fuerzas del régimen de Bashar Al Asad bombardearon de nuevo con artillería el sureste de la provincia, un sector del que huyen los habitantes desde el miércoles por la noche, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (OSDH).

Determinado a retomar el control de todo su territorio, y con la ayuda militar rusa e iraní, el régimen envió numerosos refuerzos en los límites de la provincia, en la frontera con Turquía, dominada por los yihadistas de Hayat Tahrir Al Sham (HTS) pero donde también se encuentran importantes facciones rebeldes.

Desde el miércoles por la noche, cientos de habitantes empezaron a abandonar las aldeas del sureste de Idlib hacia sectores rebeldes en la vecina provincia de Alepo, según el director del OSDH, Rami Abdel Rahman.

“Se dirigen hacia el oeste de la provincia de Alepo y hacia la región de Afrin”, cerca de la frontera con Turquía, indicó la fuente. Se trata de “cerca de 180 familias, alrededor de un millar de personas”.

La ONU teme que una ofensiva del gobierno desplace a hasta 800.000 personas.

“Disparar a ciegas”

Mohamed Al Zir, un habitante de la ciudad de Idlib, dice tener “miedo” sobre todo de los ataques aéreos del régimen y de su aliado ruso.

“Son fuerzas aéreas criminales que cometen masacres entre los civiles”, acusa. “Los bombardeos son salvajes y no tienen objetivos, disparan a ciegas”.

El martes, 13 civiles, entre ellos seis niños, murieron en los bombardeos rusos en la provincia, según el OSDH. Moscú por su parte aseguró que llevó a cabo los ataques contra yihadistas, lejos de las zonas residenciales.



La aviación es un arma crucial para el régimen y su aliado ruso en sus ataques para retomar los bastiones rebeldes y yihadistas, aunque haya grandes pérdidas humanas y destrucciones colosales.

En la provincia de Idlib y los focos insurgentes aledaños, donde viven unos tres millones de personas, la ONU y muchos países occidentales temen una “catástrofe humanitaria” de una envergadura sin precedentes, incluso a nivel de un país destrozado desde 2011 por un conflicto que ya ha dejado más de 350.000 muertos.

“El mundo está mirando y Estados Unidos está mirando”, advirtió el jueves el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Washington convocó el viernes una reunión del Consejo de Seguridad, el mismo día en que se celebra en Teherán una cumbre entre los presidentes de Irán y Rusia, aliados del régimen, y Turquía, apoyo de los rebeldes.

Esta reunión podría determinar el calendario de la posible ofensiva contra Idlib.

Turquía, que afirma temer una “masacre” y un nuevo flujo de refugiados hacia su frontera, dijo que intentaría en Teherán evitar el asalto.

“Un baño de sangre”

Es a esta provincia donde fueron enviados decenas de miles de rebeldes y civiles, evacuados de otros feudos insurgentes retomados por el régimen. Según la ONU, la mitad de sus habitantes actuales son desplazados.

Una ofensiva tendría principalmente como objetivo sectores periféricos de Idlib, y ciertas zonas insurgentes de las provincias vecinas, según los expertos.

El régimen tiene sobre todo en el punto de mira a los yihadistas de HTS, un grupo formado por la antigua rama siria de Al Qaida.

A la espera de los resultados de la cumbre de Teherán, el enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, consideró que la ofensiva podía comenzar el 10 de septiembre y llamó a evitar “un baño de sangre”.


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