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Brasil: sacerdote español acoge a venezolanos en Pacaraima

Jesús Boadilla se llama el padre que se ha convertido en la esperanza de miles de migrantes venezolanos que llegan a esta ciudad de Brasil. La ayuda humanitaria que brinda se ha hecho conocida en varios medios.

hace 23 dia(s)

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Un párroco nacido en Valladolid, España, pasa sus días atendiendo y llevando el pan a las mesas de miles de migrantes venezolanos que arriban a Pacaraima, primer pueblo fronterizo de Brasil con el país que dirige actualmente Nicolás Maduro. De esta manera, Jesús Boadilla les da la primera comida del día en su Café Fraterno a quienes huyen de la miseria y la incertidumbre en la región llanera. Su labor ha captado la atención de muchas personas hasta el punto de ser entrevistado por el diario El Mundo

Boadilla, a sus 77 años, explica al principio en el citado medio que para muchos ciudadanos venezolanos el desayuno suele ser la única comida que prueban durante toda una jornada. Asimismo, relata que su tarea humanitaria empezó un año y medio antes de que iniciara la ola migratoria. Agrega también que sirvió, en sus primeros días, alrededor de 80 desayunos principalmente a indígenas de la etnia Warao, que fueron los primeros en llegar. 

En este sentido, destaca también la condición en que llegan: "Vienen aquí sin nada, sin nada con letras mayúsculas. Vienen sin dinero, sin domicilio, sin amigos, pero también vienen con una gran esperanza, con la esperanza de que están en la tierra prometida. Eso me entusiasma". Así fue hasta que el número de migrantes fue creciendo y ahora sirve un promedio de 1600 desayunos con la ayuda de 20 voluntarios, la mayoría de ellos, indígenas locales. 



padre

Acerca del incidente de los brasileños que quemaron las pertenencias de los recién llegados, destacó lo siguiente: "(...) esa rabia deben dirigirla contra los políticos, no contra el pobrecito que está en la calle pasando hambre y frío con sus hijos. Les quemaron sus cosas, fue horrible. No tenían culpa de nada". Después enfatizó en que, al día siguiente del hecho, pensó que ya no llegarían más venezolanos al comedor de su iglesia; no obstante, se encontró con 600 personas pidiéndole comida. 

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En relación a su controversial figura y apoyo en la zona fronteriza, debatiéndose entre los pobres de Brasil y los migrantes venezolanos, el párroco finalizó con lo siguiente: "Yo sé que algunos no me tienen mucha simpatía, porque creen que ayudo a quien no debe ser ayudado, pero cada vez que escucho un comentario negativo para mí es una medalla. Bienaventurados los calumniados por causa de la Justicia".


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