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Opinión

Carlos y Rubén: el Déjà vu
Por: Adriana Salvatierra Arriaza *

LAS OPINIONES EXPRESADAS POR LOS COLABORADORES SON PROPIAS Y NO LA OPINIÓN DE KANDIRE
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Tras la renuncia de Goni en octubre de 2003, Carlos D. Mesa asume como presidente de la entonces República para tratar de navegar en una turbia coyuntura de un nuevo tiempo al que renunció asistir.

 

Su gestión coincidió temporalmente con la presidencia de Rubén Costas en el Comité pro Santa Cruz de 2003 a 2004. De tal forma que el cabildo del 28 de enero de 2005 fue la clausura de su gestión cívica que disparó la renuncia de los ministros Diego Montenegro, Gustavo Pedraza, Roberto Barbery y el prefecto designado Carlos Hugo Molina.

 

En su libro Presidencia sitiada, Mesa da nombres, establece responsabilidades y no se reserva adjetivos, dividiendo así las responsabilidades: por una parte, el bloque de poder integrado por Cainco, CAO, Fegasacruz y la Confederación de Empresarios Privados, asesorados por Óscar Ortiz y Óscar Serrate; y, por otra, señala a los medios de comunicación Unitel, Red Uno, Gigavisión, Megavisión, El Mundo y El Nuevo Día. “Todos articulados y con fuerte influencia sobre lo que era su brazo político, el Comité Cívico, entonces dirigido por el luego prefecto Rubén Costas con su vicepresidente Germán Antelo”.

 

Según Mesa, nada pudo saciar la voracidad de las “élites cruceñas”, ni la posesión de ministros “cercanos al poder cruceño” como W. Kreidler y E. Aguilera, o dádivas como la instalación de una sede del INRA en Santa Cruz, la devolución del IVA a las exportaciones (Cdeim), la línea de financiamiento de corto plazo para productores agrícolas o el arancel cero para la importación de fertilizantes.



 

Mesa relata con amargura: “La conspiración de septiembre comenzaba a dar sus frutos y encaminaba irreversiblemente a nuestro Gobierno a un desenlace amargo en junio. Así se escribe la historia”. Con esta cita, queda claro a quién atribuye la responsabilidad de los hechos.

 

En su libro, Mesa atribuye a la posesión de su gabinete de ministros como “el primer punto de ruptura de las élites cruceñas con su Gobierno”. Al excluir de su equipo ministerial a los grupos de poder dominantes, les daba una bofetada con el siguiente argumento: “Es un hecho indiscutible que las élites cruceñas controlaron la economía boliviana desde el Estado central durante todo el periodo democrático ‘hasta’ mi llegada al Gobierno en 2003”. Y fue cierto.

 

Ya pasaron 15 años. Mesa inicia hoy su campaña electoral tal como cuando empezó su gestión presidencial, con una nueva bofetada a las “élites cruceñas”. Cuando presentó su equipo de campaña, no convocó ni invitó al gobernador. Presentó a su exministro y a su exprefecto rodeados de jóvenes para “jubilar a los viejos políticos”. Con esto, el expresidente mostró que no solo está dispuesto a reeditar la confrontación 2003-2004, sino que –además– está convencido en su subjetivo empeño de doblar las rodillas de las “élites cruceñas” que alguna vez lo arrastraron a su renuncia y lo sacaron del Gobierno. Todo porque él es él y manda.

 

* Senadora del MAS para el departamento de Santa Cruz



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