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Kim Jong Un apuesta por el dialogo presionado por las sanciones económicas

hace 9 mese(s)

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El líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, ha vuelto a sorprender a todo el mundo con su iniciativa de reunirse con Donald Trump para hablar de la desnuclearización de su país después de un esfuerzo armamentístico de varias décadas. Nadie sabe a ciencia cierta si su propuesta es el reflejo de la desesperación, por el efecto de las sanciones económicas internacionales en el país, o responde, por el contrario, a su confianza por disponer ya del arma nuclear. La realidad es que Kim, en principio, logrará, casi 70 años después, el objetivo que no alcanzaron ni su abuelo, Kim Il Sung, ni su padre, Kim Jong Il, que es sentarse a negociar con su enemigo, el presidente de EE.UU.

Nadie es capaz de adivinar el motivo último que ha impulsado a Kim a proponer ahora una cumbre con Trump, para afrontar la desnuclearización de la península ­coreana. Pero lo cierto es que la propuesta está encima de la mesa y todos los actores implicados en las negociaciones para que Pyongyang abandone su programa ­nuclear valoraban de forma po­sitiva la iniciativa y se atribuían parte del éxito.

China fue la primera en congratularse “por las señales positivas dadas por EE.UU. y Corea del Norte” y les instó “a mostrar coraje político y decisión para restaurar la paz y la estabilidad en la península de Corea”, dijo el portavoz de Exteriores, Geng Shuang, quien recordó que Trump y Kim se reunirán como consecuencia de haber asumido la propuesta de “doble suspensión” planteada por Pekín. Una iniciativa que tenía como fin último generar confianza y para ello sugería que Pyongyang aparcara sus pruebas nucleares y tiros de misiles y Washington dejara de hacer maniobras con Seúl.

Desde Tokio, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, también celebró el cambio de actitud de Corea del Norte, pero lo atribuyó a las duras sanciones impuestas sobre Pyongyang e insistió en mantener la presión hasta que abandone “de forma irreversible” su programa nuclear.

Y el presidente de Corea del Sur, Mun Jae In, se felicitó por los éxitos alcanzados en la labor de mediación que ha realizado desde su llegada al poder, en mayo del 2017, entre su vecino del Norte y EE.UU. Una tarea en la que ha combinado la apuesta por el diálogo con el mantenimiento de las duras sanciones internacionales, como castigo por sus provocaciones belicistas.



La mayoría de expertos en asuntos norcoreanos no coinciden, sin embargo, en diagnosticar el motivo que ha impulsado a Kim Jong Un a lanzar su propuesta. Quizás porque se trate de una suma de varios factores.

Algunos analistas consideran que las sanciones internacionales han empezado a hacer mella en el país y han sido decisivas. “Es la primera vez que se aplican sanciones económicas integrales, empiezan a hacer efecto y obviamente inquietan a Kim”, dijo Robert A. Manning, del Centro Scrowcroft de Estrategia y Seguridad del Consejo Atlántico.

Otros, como Lim Kang Taeg, del gubernamental Instituto Coreano para la Unificación Nacional, piensan que más que los problemas económicos habría sido el miedo a un ataque lo que habría impulsado a Kim a mover ficha. “Ha pensado que es el momento oportuno para hablar con EE.UU. para obtener garantías de seguridad ya que este país considera cada vez más la ­opción militar”.

Y hay quienes creen, en cambio, que la propuesta de una reunión con Trump forma parte de la estrategia de Pyongyang. “Las cosas se están desarrollando como Corea del Norte había planeado”, señala Cho Sung Ryeol, del Instituto para la Estrategia de la Seguridad Nacional. Este experto sostiene que el régimen norcoreano “tiene su propio calendario, que pasa por convertirse en una potencia militar y luego económica y ahora ha llegado el momento de sentarse a una mesa de negociaciones”, según The Korea Herald.

Victor Cha, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionale (CSIS) y ex asesor en asuntos de Corea del Norte del presidente George W. Bush, considera que no hay ningún cambio de planes por parte de Kim. “Puede que no sea más que un cambio táctico, que se apoya sobre la plataforma de armas nucleares para buscar beneficios económicos del mundo exterior”, ha escrito en el CSIS.

El presidente surcoreano Mun Jae In advertía que “no debemos ser temerariamente optimistas” y razón no le falta. Kim Jong Un se ha guardado mucho de poner como condición para la desnuclea­rización que se asegure la su­pervivencia de su régimen y cualquier excusa puede ser buena para abandonar las negociaciones. La llave la tiene Kim.///


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